sábado, 13 de octubre de 2012

Siempre nos quedará París.


Nos despedimos siendo conocedores de  que esos quilómetros no afectarían a lo que sentíamos. Sabíamos que la distancia era sólo cuestión de números, no de dudas, ni de miedos. Lo nuestro continuaría unido y más fuerte que nunca; había sido creado para disfrutarlo hasta que la mecha del amor se apagase, tenía unos cimientos más fuertes que el acero y, aunque habían sido sólo dos meses de verano, la confianza plena del uno en el otro era increíblemente sorprendente y verdadera.
Ambos teníamos miedo a múltiples cosas, entre ellas a enamorarse, pero sabíamos que cuando nos conocimos algo especial nos había marcado. La misión de nuestra historia era hacernos felices el uno al otro, darnos momentos irrepetibles, besos que nos dejasen sin aire y caricias que perdurarían con los años. Todas las horas compartidas las llevábamos en el mejor de los baúles. No, no era ni una mesilla de noche, ni el cerebro. Sino nuestro corazón.
Llegó septiembre y ambos conocíamos el significado de aquello. La última tarde me regaló una postal con el monumento más famoso de París ciudad y dijo: “Sé que por muchos quilómetros que nos separen, nos volveremos a ver. ¿Ves este monumento? Es uno de los símbolos del amor más puro, de un amor como el nuestro. Por eso te prometo que volveré a por ti e iremos juntos.”

jueves, 11 de octubre de 2012

Whisper words of widsom.

Siempre serán los más grandes. Y el mundo lo sabe.
Dejé de llamar porque siempre era la misma historia. ¿Para qué? Si lo único que recibía era un palo tras otro. Me interesaba por ti y siempre estuve disponible cuando estabas mal o bien, siempre. Siempre tuve sonrisas reservadas para ti y te prometí que siempre estaría a tu derecha, para que cuando necesitases un abrazo, no te sintieses sola y me tuvieses a tu lado.
Y ahora, todo eso son cenizas. Preferiste la fiesta y otras compañías que se acercaron a ti por conveniencia. Y yo pasé a otro lado. Dejé de llamar y de preocuparme por ti, porque en una amistad ponen su granito de arena las dos personas. Y en la nuestra, sólo lo ponía yo.
Llevo esperando dos meses y medio por esa llamada en la que quieras saber algo de mí, en la que minimamente muestres un poco de preocupación. Pero no, esa llamada no llega y mi esperanza se apaga. Sé que esto se ha terminado y que no me querrás ver nunca más, solamente te recuerdo que una vez me pediste que nunca perdiera tu collar, ese en el que prometíamos ser amigas para siempre.
Y ahora, tras trece años de amistad, ya no queda nada.

martes, 9 de octubre de 2012

El mundo está patas arriba.

Reímos cuando tenemos que llorar. Y lloramos cuando tenemos que reír. Nos enfadamos por tonterías, y en los casos más serios, preferimos pasar página y hacer como si nada para que no nos afecte. Tenemos que aprender de los errores, ¿pero qué vamos a aprender si los ignoramos? El mundo va mal y nosotros somos los únicos responsables en poder cambiarlo.